Este año, después de varios cursos visitando la isla de Mallorca,
decidimos cambiar de país, aunque no de mar. Ciertamente, se trata de
una excursión de gran contenido cultural, pero no exenta de ratos
libres, de poder afianzar la amistad con los compañeros de clase y de
conocer un país y una cultura distintas a nuestro país, por más que se
diga que los italianos son parecidos a los españoles.

La llegada a Roma se hizo sobre el horario previsto, aunque las
habitaciones aún no estaban preparadas. En este intervalo de espera
tuvimos un buen susto, ya que uno de nuestros compañeros tuvo un
desvanecimiento, que obligó a la intervención rápida de sus compañeros y
a llamar a emergencias. Fue acompañado por Jesús Ortiz, hasta que le
hiciesen las pruebas pertinentes y lo que recomendase la doctora. El
resto, con el susto en el cuerpo, se ubicó en sus habitaciones, comió y
por la tarde comenzamos el recorrido. Nuestro hotel estaba situado cerca
de la Stazione di Termini, núcleo principal de las comunicaciones
de Roma con el resto de Italia, y centro de partida y llegada de buena
parte de las líneas de autobuses y metro de la ciudad. Comenzamos
visitando la Plaza de la República y concretamente la iglesia de
Nuestra Señora de los Ángeles y los Mártires, era el
tepidarium de las antiguas termas de Diocleciano, las más grandes que
hubo en Roma. Miguel Ángel Buonarroti aprovechó ese espacio para hacer
una iglesia. Sorprende las enormes dimensiones que podían llegar a tener
las termas romanas. A continuación fuimos a la iglesia de Nuestra
Señora de la Victoria, a contemplar una de las mejores obras del
escultor Bernini: el “Éxtasis de Santa Teresa” de la capilla
Cornaro, simplemente extraordinaria.

Continuamos dirección hacia la plaza del Quirinal, vimos la fachada de
San Carlos de las Cuatro Fuentes, obra interesantísima del
barroco de Borromini, y un poco más abajo San Andrés del Quirinal,
obra del genial Bernini. Llegamos a la Plaza del Quirinal, donde
destaca el Palacio del Presidente de la República y una fuente y
esculturas romanas. Desde aquí hay un bonito mirador sobre la ciudad de
Roma. Pudimos contemplar , a lo lejos, por primera vez la cúpula de San
Pedro del Vaticano.
Tomamos unas escaleras que nos conducían a las calles típicas de la
vieja Roma, hasta dar con la impresionante Fontana de Trevi. Es,
como sucede en el barroco, algo teatral, tras pasar callejuelas te
encuentras con esta maravilla hecha de piedra y agua. Estuvimos en buen
rato contemplándola y haciendo fotos, aunque no sería la última vez que
viéramos esta Fontana. Seguimos callejeando hasta dar con la Plaza
España, su preciosa escalinata, coronada por la iglesia de la
Trinidad del Monte, con sus dos majestuosas torres y en medio de
ellas, si lo contemplamos desde abajo, uno de los obeliscos que decoran
la ciudad. Después de este recorrido cultural, tiempo libre y regreso al
hotel.

A la
mañana siguiente, Domingo de Ramos, cogimos el autobús para ir
hasta el mirador del Gianicolo. Desde ahí se puede contemplar
otra visión de Roma, realmente hermosa. Esta Plaza está presidida por la
enorme escultura ecuestre de Garibaldi. Desde ahí iniciamos el
descenso hasta la Plaza de San Pedro. Llegamos cuando el Papa
estaba concluyendo la Misa y dando la bendición. La Plaza estaba
impresionante, llena de gente, sólo aquel espectáculo es ya digno de
recordar. Conseguimos ver al Papa de lejos, a través de las pantallas, y
por último pasó muy cerca de nosotros, en el papamóvil. Muchos
conseguimos verlo bastante de cerca. Por supuesto que algunos cogimos
ramos para traer de recuerdo de este magnífico lugar y de la Misa del
Domingo de Ramos. Fuimos a comer y quedamos en seguir la visita en la
misma Plaza. El día era especialmente luminoso. Después de contemplar la
magnífica fachada de San Pedro y el bullicio de los alrededores nos
adentramos nuevamente en el corazón de la vieja Roma. Llegamos hasta el
Castillo de Sant´Angelo, antigua tumba del emperador Adriano,
reconvertida posteriormente, por los papas, en castillo fortaleza,
rematada por la escultura del arcángel San Miguel de ahí su nombre.

Atravesamos el Puente, flanqueado por esculturas que simbolizaban
ángeles, con elementos de la Pasión de Cristo. Llegamos hasta el
Campo de las Flores, una bulliciosa Plaza, que hace las veces
de mercado de frutas, verduras y flores, y por la tarde es un lugar
tranquilo de turismo y paseo. Desde aquí contemplamos el magnífico
Palacio Farnese, actual embajada francesa . Es el prototipo de
palacio renacentista. En la Plaza hay dos fuentes, cuyo lugar original
eran las termas de Caracalla. Seguimos andando hasta llegar a la
Plaza Navona, de forma curiosa, pues inicialmente había sido el
estadio del emperador Domiciano. En los extremos de la Plaza hay dos
fuentes y en medio de la misma está la Fuente de los Cuatro
Ríos, sosteniendo un obelisco, obra del genial Bernini. Enfrente de
esta fuente se levanta la iglesia de Santa Inés . Es una plaza
llena de vida, de espectáculos callejeros, de pintores. A continuación
nos dirigimos hasta la iglesia de San Luis de los Franceses para
contemplar especialmente la capilla Contarelli, donde hay tres
magníficos lienzos de Caravaggio, que hacen referencia a la
vocación del evangelista Mateo, el martirio de San Mateo y San Mateo y
el Ángel. Lienzos absolutamente soberbios, al igual que la iglesia en su
conjunto.

Callejeando llegamos a otro de los sitios más impactantes de Roma: el
Panteón de Agripa. En una pequeña plaza, se abre al visitante
la espectacularidad del Panteón, con sus dieciséis columnas graníticas
de una sola pieza y su planta y cúpula circulares. No hay palabras para
tanta hermosura. Seguimos nuestro camino hasta llegar a la Plaza de
San Ignacio y la iglesia jesuítica del mismo nombre, donde también
entramos. Detrás de esta plaza nos encontramos con otra plaza que es la
de piedra, donde quedan restos del magnífico templo de
Trajano. De aquí llegamos hasta la Plaza de Montecitorio,
donde está el parlamento italiano y pudimos observar la Columna del
Emperador Marco Aurelio. Desde aquí, un poco de tiempo libre y
nuevamente a la Fontana de Trevi y Plaza España. Regreso al hotel y
conclusión del segundo día.
El
tercer día tuvo como epicentro San Pedro del Vaticano. Por la
mañana llegamos a la Plaza y lo primero que hicimos fue hacer cola para
subir a la Cúpula. El primer tramo de escaleras o rampa llega
hasta la base de la cúpula, donde se puede ver toda la grandeza de esta
obra de Miguel Ángel, terminada por Giacomo della Porta. Pasamos al
interior de la cúpula y el espectáculo es maravilloso, la grandeza
de la cúpula y la miniatura del hombre, debajo de la cúpula el
baldaquino de Bernini parece pequeño. Después de un rato observando tal
maravilla, nos dirigimos hasta la base de la linterna. Desde aquí
la vista de Roma, de la Plaza, del río Tíber, de los jardines y palacios
vaticanos es absolutamente impresionante. Sólo por esto merece la pena
ir a Roma. Después de un buen rato viendo las magníficas vistas, fuimos
a ver la Basílica por dentro. Impresiona sus medidas, la
limpieza, el mármol, el arte y la religiosidad. Destaca la imagen de la
Piedad de Miguel Ángel, pero otras obras de Bernini como
el Baldaquino, la Cátedra de San Pedro, las tumbas de
los papas Urbano VIII y Alejandro VII e infinidad de detalles que se
nos escapan. Pudimos ver el cuerpo incorrupto del papa Juan XXIII.
Tras este recorrido bajamos a la cripta, donde están enterrados
algunos de los papas; siempre hay gente, y mucha, en la tumba del
papa Juan Pablo II. Y aquí concluyó esta intensa mañana.

Por
la tarde: los Museos Vaticanos. Por suerte a esta actividad ya se
nos unió nuestro compañero enfermo y sus padres, que habían llegado a
Roma el Domingo por la mañana. Una guía nos hizo un recorrido, de los
muchos que se pueden hacer. Recorrimos el Patio de la Piña o
también llamado el Belvedere. Esta inmensa piña de bronce tiene casi dos
mil años, flanqueada por dos pavos reales de similar antigüedad.
Previamente nos explicó la capilla Sixtina, pues cuando llegásemos sería
imposible explicarla. Desde aquí pudimos ver algo de la cantidad de
esculturas que atesoran estos museos: los bustos de emperadores,
agrupados por familias. Subimos a la sala octogonal donde se pueden ver
algunas de las esculturas de la antigüedad clásica.entre otras el
Apoxiomeno de Lisipo, el Laocoonte, el Apolo Belvedere,
el torso Farnesio, y otra serie de obras. Continuamos el
recorrido por otras sala, todas ellas impresionantes hasta llegar a la
Capilla Sixtina, con los frescos de la bóveda, que hacen
referencia al libro del Génesis, sobre la Creación y la historia de Noé,
y el altar mayor con el juicio final. Lástima que haya tanta
gente para poder disfrutarlo con mayor intensidad. Seguimos recorriendo
pasillos de una belleza singular hasta concluir la visita. Después de
tanto arte tocaba descansar y tiempo libre, que cada uno empleó como
mejor quiso, haciendo compras, viendo otras cosas de la ciudad, tomando
capuchinos, etc.
El
siguiente día lo dedicamos a ver el Foro y el Coliseo. Para esta
actividad también tuvimos guía. Comenzamos visitando el Foro, con el
Senado, el tabularium, el templo de Vesta, la basílica de Majencio, Los
arcos de Septimio Severo y Tito y restos de la gran cantidad de templos
y otros edificios públicos de la Roma antigua; era el corazón del
Imperio. Proseguimos hacia el arco de Constantino y adentrarnos
en el Coliseo, otro edificio singular, emblemático y único en el
mundo. El guía se emocionó un poco y se alargó algo más de la cuenta,
pero el recorrido fue precioso.
Por la tarde, después de comer, quedamos en la Plaza Venecia,
donde se levanta el Altar de la Patria, un enorme edificio blanco que
recuerda al rey Víctor Manuel y a cuantos hicieron posible el
nacimiento de Italia como nación. Fuimos hacia la Plaza del
Campidoglio, lugar donde nació Roma, presidida por la estatua
ecuestre de bronce el emperador Marco Aurelio y una serie de edificios
que actualmente son los museos capitolinos y el ayuntamiento de Roma. De
aquí continuamos el recorrido viendo el teatro Marcelo, otros dos
templos romanos hasta llegar a la Boca de la Veritá, aunque nadie
quiso hacer cola para probar si mentía o decía la verdad. Terminamos
viendo el Circo Massimo y los restos de los palacios imperiales
que asoman desde la colina del Palatino. Tiempo libre que algunos
aprovechamos para ver el típico barrio del Trastevere y descansar junto
a la preciosa iglesia de Santa María.

El
último día no tiene mucha historia, aunque sí importante: todos llegamos
con bien a Burgos y a nuestras respectivas casas. El que escribe estas
líneas está plenamente satisfecho del recorrido realizado y del
comportamiento y actitud de los alumnos. Arrivederci Roma.
H.
Ernesto
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