COLEGIO SAGRADA FAMILIA (BURGOS)

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GALERÍA DE ACTIVIDADES

EXCURSIÓN A ROMA – 1º BACHILLERATO – DEL 27 AL 31 DE MARZO

 

              Este año, después de varios cursos visitando la isla de Mallorca, decidimos cambiar de país, aunque no de mar. Ciertamente, se trata de una excursión de gran contenido cultural, pero no exenta de ratos libres, de poder afianzar la amistad con los compañeros de clase y de conocer un país y una cultura distintas a nuestro país, por más que se diga que los italianos son parecidos a los españoles.

       

        La llegada a Roma se hizo sobre el horario previsto, aunque las habitaciones aún no estaban preparadas. En este intervalo de espera tuvimos un buen susto, ya que uno de nuestros compañeros tuvo un desvanecimiento, que obligó a la intervención rápida de sus compañeros y a llamar a emergencias. Fue acompañado por Jesús Ortiz, hasta que le hiciesen las pruebas pertinentes y lo que recomendase la doctora. El resto, con el susto en el cuerpo, se ubicó en sus habitaciones, comió y por la tarde comenzamos el recorrido. Nuestro hotel estaba situado cerca de la Stazione di Termini, núcleo principal de las comunicaciones de Roma con el resto de Italia, y centro de partida y llegada de buena parte de las líneas de autobuses y metro de la ciudad. Comenzamos visitando la Plaza de la República y concretamente la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles y los Mártires, era el tepidarium de las antiguas termas de Diocleciano, las más grandes que hubo en Roma. Miguel Ángel Buonarroti aprovechó ese espacio para hacer una iglesia. Sorprende las enormes dimensiones que podían llegar a tener las termas romanas. A continuación fuimos a la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, a contemplar una de las mejores obras del escultor Bernini: el “Éxtasis de Santa Teresa” de la capilla Cornaro, simplemente extraordinaria.

         

         Continuamos dirección hacia la plaza del Quirinal, vimos la fachada de San Carlos de las Cuatro Fuentes, obra interesantísima del barroco de Borromini, y un poco más abajo San Andrés del Quirinal, obra del genial Bernini. Llegamos a la Plaza del Quirinal, donde destaca el Palacio del Presidente de la República y una fuente y esculturas romanas. Desde aquí hay un bonito mirador sobre la ciudad de Roma. Pudimos contemplar , a lo lejos, por primera vez la cúpula de San Pedro del Vaticano.

          Tomamos unas escaleras que nos conducían a las calles típicas de la vieja Roma, hasta dar con la impresionante Fontana de Trevi. Es, como sucede en el barroco, algo teatral, tras pasar callejuelas te encuentras con esta maravilla hecha de piedra y agua. Estuvimos en buen rato contemplándola y haciendo fotos, aunque no sería la última vez que viéramos esta Fontana. Seguimos callejeando hasta dar con la Plaza España, su preciosa escalinata, coronada por la iglesia de la Trinidad del Monte, con sus dos majestuosas torres y en medio de ellas, si lo contemplamos desde abajo, uno de los obeliscos que decoran la ciudad. Después de este recorrido cultural, tiempo libre y regreso al hotel.

         

A la mañana siguiente, Domingo de Ramos, cogimos el autobús para ir hasta el mirador del Gianicolo.  Desde ahí se puede contemplar otra visión de Roma, realmente hermosa. Esta Plaza está presidida por la enorme escultura ecuestre de Garibaldi. Desde ahí iniciamos el descenso hasta la Plaza de San Pedro. Llegamos cuando el Papa estaba concluyendo la Misa y dando la bendición. La Plaza estaba impresionante, llena de gente, sólo aquel espectáculo es ya digno de recordar. Conseguimos ver al Papa de lejos, a través de las pantallas, y por último pasó muy cerca de nosotros, en el papamóvil. Muchos conseguimos verlo bastante de cerca. Por supuesto que algunos cogimos ramos para traer de recuerdo de este magnífico lugar y de la Misa del Domingo de Ramos.  Fuimos a comer y quedamos en seguir la visita en la misma Plaza. El día era especialmente luminoso. Después de contemplar la magnífica fachada de San Pedro y el bullicio de los alrededores nos adentramos nuevamente en el corazón de la vieja Roma. Llegamos hasta el Castillo de Sant´Angelo, antigua tumba del emperador Adriano, reconvertida posteriormente, por los papas, en castillo fortaleza, rematada por la escultura del arcángel San Miguel de ahí su nombre.

            

           Atravesamos el Puente, flanqueado por esculturas que simbolizaban ángeles, con elementos de la Pasión de Cristo. Llegamos hasta el Campo de las Flores, una bulliciosa Plaza, que hace las veces de mercado de frutas, verduras y flores, y por la tarde es un lugar tranquilo de turismo y paseo. Desde aquí contemplamos el magnífico Palacio Farnese, actual  embajada francesa .  Es el prototipo de palacio renacentista. En la Plaza hay dos fuentes, cuyo lugar original eran las termas de Caracalla. Seguimos andando hasta llegar a la Plaza Navona, de forma curiosa, pues inicialmente había sido el estadio del emperador Domiciano. En los extremos de la Plaza hay dos fuentes y en medio de la misma está la Fuente de los Cuatro Ríos, sosteniendo un obelisco, obra del genial Bernini. Enfrente de esta fuente se levanta la iglesia de Santa Inés . Es una plaza llena de vida, de espectáculos callejeros, de pintores. A continuación nos dirigimos hasta la iglesia de San Luis de los Franceses para contemplar especialmente la capilla Contarelli, donde hay tres magníficos lienzos de Caravaggio, que hacen referencia a la vocación del evangelista Mateo, el martirio de San Mateo y San Mateo y el Ángel. Lienzos absolutamente soberbios, al igual que la iglesia en su conjunto.

           

               Callejeando llegamos a otro de los sitios más impactantes de Roma: el Panteón de Agripa. En una pequeña plaza, se abre al visitante la espectacularidad del Panteón, con sus dieciséis columnas graníticas de una sola pieza y su planta y cúpula circulares. No hay palabras para tanta hermosura. Seguimos nuestro camino hasta llegar a la Plaza de San Ignacio y la iglesia jesuítica del mismo nombre, donde también entramos. Detrás de esta plaza nos encontramos con otra plaza que es la de piedra, donde quedan restos del magnífico templo de Trajano. De aquí llegamos hasta la Plaza de Montecitorio, donde está el parlamento italiano y pudimos observar la Columna del Emperador Marco Aurelio. Desde aquí, un poco de tiempo libre y nuevamente a la Fontana de Trevi y Plaza España. Regreso al hotel y conclusión del segundo día.

El tercer día tuvo como epicentro San Pedro del Vaticano. Por la mañana llegamos a la Plaza y lo primero que hicimos fue hacer cola para subir a la Cúpula. El primer tramo de escaleras o rampa llega hasta la base de la cúpula, donde se puede ver toda la grandeza de esta obra de Miguel Ángel, terminada por Giacomo della Porta. Pasamos al interior de la cúpula y el espectáculo es maravilloso, la grandeza de la cúpula y la miniatura del hombre, debajo de la cúpula el baldaquino de Bernini parece pequeño. Después de un rato observando tal maravilla, nos dirigimos hasta la base de la linterna. Desde aquí la vista de Roma, de la Plaza, del río Tíber, de los jardines y palacios vaticanos es absolutamente impresionante. Sólo por esto merece la pena ir a Roma. Después de un buen rato viendo las magníficas vistas, fuimos a ver la Basílica por dentro. Impresiona sus medidas, la limpieza, el mármol, el arte y la religiosidad. Destaca la imagen de la Piedad de Miguel Ángel, pero otras obras de Bernini como el Baldaquino, la Cátedra de San Pedro, las tumbas de los papas Urbano VIII y Alejandro VII e infinidad de detalles que se nos escapan. Pudimos ver el cuerpo incorrupto del papa Juan XXIII. Tras este recorrido bajamos a la cripta, donde están enterrados algunos de los papas; siempre hay gente, y mucha, en la tumba del papa Juan Pablo II. Y aquí concluyó esta intensa mañana.

           

Por la tarde: los Museos Vaticanos. Por suerte a esta actividad ya se nos unió nuestro compañero enfermo y sus padres, que habían llegado a Roma el Domingo por la mañana. Una guía nos hizo un recorrido, de los muchos que se pueden hacer.  Recorrimos el Patio de la Piña o también llamado el Belvedere. Esta inmensa piña de bronce tiene casi dos mil años, flanqueada por dos pavos reales de similar antigüedad. Previamente nos explicó la capilla Sixtina, pues cuando llegásemos sería imposible explicarla. Desde aquí pudimos ver  algo de la cantidad de esculturas que atesoran estos museos: los bustos de emperadores, agrupados por familias. Subimos a la sala octogonal donde se pueden ver algunas de las esculturas de la antigüedad clásica.entre otras el Apoxiomeno de Lisipo, el  Laocoonte, el Apolo Belvedere, el torso Farnesio, y otra serie de obras. Continuamos el recorrido por otras sala, todas ellas impresionantes hasta llegar a la Capilla Sixtina, con los frescos de la bóveda, que hacen referencia al libro del Génesis, sobre la Creación y la historia de Noé, y el altar mayor con el juicio final. Lástima que haya tanta gente para poder disfrutarlo con mayor intensidad. Seguimos recorriendo pasillos de una belleza singular hasta concluir la visita. Después de tanto arte tocaba descansar y tiempo libre, que cada uno empleó como mejor quiso, haciendo compras, viendo otras cosas de la ciudad, tomando capuchinos, etc.

El siguiente día lo dedicamos a ver el Foro y el Coliseo. Para esta actividad también tuvimos guía. Comenzamos visitando el Foro, con el Senado, el tabularium, el templo de Vesta, la basílica de Majencio, Los arcos de Septimio Severo y Tito y restos de la gran cantidad de templos y otros edificios públicos de la Roma antigua; era el corazón del Imperio. Proseguimos hacia el arco de Constantino y adentrarnos en el Coliseo, otro edificio singular, emblemático y único en el mundo. El guía se emocionó un poco y se alargó algo más de la cuenta, pero el recorrido fue precioso.

            Por la tarde, después de comer, quedamos en la Plaza Venecia, donde se levanta el Altar de la Patria, un enorme edificio blanco que recuerda al rey Víctor Manuel  y a cuantos hicieron posible el nacimiento de Italia como nación. Fuimos hacia la Plaza del Campidoglio, lugar donde nació Roma, presidida por la estatua ecuestre de bronce el emperador Marco Aurelio y una serie de edificios que actualmente son los museos capitolinos y el ayuntamiento de Roma. De aquí continuamos el recorrido viendo el teatro Marcelo, otros dos templos romanos hasta llegar a la Boca de la Veritá, aunque nadie quiso hacer cola para probar si mentía o decía la verdad. Terminamos viendo el Circo Massimo  y los restos de los palacios imperiales que asoman desde la colina del Palatino. Tiempo libre que algunos aprovechamos para ver el típico barrio del Trastevere y descansar junto a la preciosa iglesia de Santa María.

         

El último día no tiene mucha historia, aunque sí importante: todos llegamos con bien a Burgos y a nuestras respectivas casas. El que escribe estas líneas está plenamente satisfecho del recorrido realizado y del comportamiento y actitud de los alumnos.  Arrivederci Roma.

 H. Ernesto

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